Cartografía para Trascender (Santiago, Chile – 2005)

CARTOGRAFÍA PARA TRASCENDER

Los hombres han usado mapas desde los tiempos antiguos. Algunos dibujos encontrados en cuevas, con significados desconocidos, serían croquis de territorios terrenales y astrales.

Desde hace ya un tiempo me encuentro investigando, tanto en el plano filosófico como religioso, la transformación del ser humano de materia a espíritu y la liberación del espíritu en el minuto de la muerte. Así como también los diferentes rituales y su manifestación en las distintas culturas para acompañar y guiar a los seres queridos en este paso.

Así, por ejemplo, los aborígenes nigerianos trazaban en las tumbas de sus muertos verdaderas cartografías que guiaban con señales  el camino a seguir para llegar al cielo.

Me interesa de sobre manera introducir al espectador en este viaje de señales de agua, cielos e íconos pictóricos. Donde aparece el ser humano como motivo central, mostrando en sus manos, en su piel, en su cuerpo, las marcas de sus viajes; las huellas del proceso personal de vivir. Huellas que son tanto físicas como sicológicas.

Con este impulso y objetivo inicié una investigación de técnicas digitales que permitieran desarrollar una forma de expresión pictórica no material, para así resaltar la espiritualidad del tema.

Como compañero de ruta se compuso especialmente una melodía de 13 movimientos en piano y guitarra clásica, que introducen al espectador en este viaje. Viaje que también tiene como guía el trazado del mapa al centro de la sala.

KEKA RUIZ-TAGLE


CARTOGRAFÍA PARA TRASCENDER

Una hoja de ruta esencial
Keka Ruiz-Tagle nos induce a viajar por un camino de múltiples canales, no solo visuales, sino también auditivos, táctiles y, el más difícil de todos, por los vericuetos del amor. Trascender es un anhelo que acompaña al hombre desde la Creación. Keka nos ofrece su formula a través de figuras, símbolos, colores, sonidos, volúmenes, espacios, sueños y meditaciones.

Su propósito es ambicioso: quiere envolvernos en una totalidad. Nos hechiza con tenues figuras de colores pasteles, cuerpos etéreos que flotan por la vida con la mirada puesta en el Más Allá. La música que rodea sus figuras de barro y sus telas de visiones a lo largo del camino de la trascendencia establece un clima propicio a seguir las líneas de su cartografía, su mapa en múltiples dimensiones que no solo se traza sobre el suelo de la tierra, sino que conduce a los caminos del cosmos, a las rutas de los astros, a las huellas destelladas de las estrellas fugaces, donde el amor no conoce límites.

Es un viaje de vida y muerte: desde nuestras humildes existencias cotidianas hasta los sagrados recuerdos de los antepasados enterrados en estas tierras. Keka abre el campo a una profunda reflexión sobre nuestros compromisos con lo fundamental de nuestras vidas, con la fe y el amor tan presentes simbólicamente en su obra.

Su propuesta, representada en imágenes esenciales y directas, con la composición musical de Esteban Sumar, puede engañarnos por la sencillez. Ese don de sencillez es, justamente, la gracia de esta Cartografía: una hoja de ruta fácil de incorporar, que tiende a complicarse con las lecturas del público, pero no por las intenciones de la artista.

Edward Shaw


Los mapas han sido creados, en todos los tiempos, para facilitar al hombre el llegar a su destino de una manera mas directa y sin contratiempos. El mapa nos conduce por la vía más fácil a encontrar nuestra meta, tanto en un plano físico como uno metafísico.

Hoy en día cuando la identidad del hombre y su conservación es el plato principal en el día a día de los teóricos antropólogos contemporáneos. La búsqueda de su origen constituye la parte más importante de nuestra cultural inmaterial. El artista actual trata de crear una reflexión al torno de este tema, en la búsqueda de su identidad particular y la de su sociedad, así como el camino para llegar a esta.

Keka Ruiz-Tagle se ha dado a la tarea de plasmar este colectivo de mapas corporales, que si bien nos invitan a una reflexión de tipo espiritual y religiosa, no se desliga que ese elemento intangible cultural que es la identidad del hombre latinoamericano. Con influencias espirituales de otras culturas pero con una intensa presencia del valor latinoamericano en el color y la textura, la muestra de Keka nos invita a una reflexión ante la inmensidad del cosmos y su paradoja complejidad y simpleza.
Las piezas de Keka, realizadas bajo herramientas contemporáneas que recrea la vanguardia de principios del Siglo XX, son un reflejo de las intenciones humanas por situarse y ubicarse dentro de un plano claramente espiritual, reflejo de su propia experiencia e invitar a la búsqueda de lo intangible.

La obra nos envuelve en un universo astral que permite al observador el viajar en la búsqueda de su propia realización.
José Mario O. Maza Ponce
Director del Museo de Arte Moderno
de Ciudad de Guatemala


A un ámbito pictórico del todo distinto al de su obra anterior nos conduce ahora Keka Ruiz-Tagle. Así, aparecen, purificados de lastres narrativos y de reiteraciones formales con vitalidad insuficiente, los mejores atributos suyos de antaño.

Son ellos la delicadeza en el tratamiento de las figuras y la particular fragilidad anímica de éstas. Todo gira aquí alrededor del hombre y de su proyección social, encarnados por un personaje central y por personas que lo rodean y que constituyen, a veces, una especie de tribu protectora. Si la criatura protagónica despliega, con ambos brazos abiertos, un gesto corporal de serena resignación, sus acompañantes lucen más hieráticos. Aires ancestrales emanan de estas trece pinturas pasadas por computador, luego impresas sobre tela e intervenidas con pincel. Lo mismo ocurre con las once litografías que completan esta exposición en Galería Isabel Aninat.
Semejante condición, alusiva a tiempos remotos, se incrementa mediante un conjunto de signos que parecieran insinuar, acaso, rutas de recorrido astral. Unos y otros actores tienden, además, a flotar dentro del cuadro o de la lámina, inmersos en una atmósfera gaseosa de apastelados colores saturados. Podría considerarse ese efecto de inmersión, también, como si divisáramos a sus personajes pricipales a través de un vidrio impreso y cubierto de señales gráficas.

Sus protagonistas
A partir de esa iconografía, la artista Keka Ruiz-Tagle modula un conjunto armonioso de variaciones. Si bien la mayoría de sus protagonistas aparecen una y otra vez, estas visiones nunca dejan de interesarnos.
Asimismo, cada una refuerza la sensación de conjunto unitario que ostenta la exhibición. Por último, un grupo de esculturas en cerámica intensifican todavía más el aspecto general de rito tribal. Son tres figuras humanas de fisonomía aborigen y circundadas por un marco, cruciforme y horizontal, de piedrecilla y suelo rayado con signos.
Sin duda estamos, en la presente ocasión, frente a una propuesta enteramente nueva de la autora.
WALDEMAR SOMMER

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