Atrapasueños (Santiago, Chile – 2002)

Los Atrapasueños revelan desde tiempos inmemoriales la vida onirica de los hombres. Esas mágicas mallas adornadas con piedrecitas y plumas son testigos además, de la manera como se interrumpen o diluyen los sueños en la vida cotidiana. Esta enigmática experiencia, rica en símbolos, ha sido motivo de estudio hace décadas. Desde entonces, para muchos, son una necesidad interpretarlos e introducirse en ese laberinto. No cabe duda que los sueños son otra percepción de la realidad y nos sorprenden por la fantasmal aparición de nuestros mas recónditos deseos y anhelos.

Keka Ruiz Tagle lanza redes para atrapar estas sutiles demostraciones que muchas veces nos dejan con una placentera experiencia y otras veces, nos encierran en un mundo inquietante, reiterado, obsesivo y hasta repulsivo. La artista sale persiguiendo, cual chaman el subterfugio de la metáfora. La trampa de sus sueños. Gracias a pinceles, telas, papeles, pigmentos, unidos a otros medios y procedimientos, Keka convierte sus sueños en obras de creación. De ahí también, que sea una obra de gran intimidad. ¿Quién no dice que la rubia absorta en la chaiselongue no sea un autoretrato y que esas plumas que caen o que se sustentan en el aire no sean parte de las fantasías, recuerdos y anhelos de su misteriosa autora?

Sus rincones y naturalezas muertas, logran captar lo paradojal del quiebre de la realidad. Pinta mesas verticales que sostienen objetos frágiles como uvas que están a punto de caer o limones que levitan. La pintura en este caso es una constatación del sueño. En esos ambientes hay una atmósfera de ingravidez donde la realidad se funde con la ficción y si observamos bien, encontramos que muchos objetos volumétricos estan en suspensión.

En todas esas obras el ornato es interesante. Son espacios cálidos y propios de un rico entorno familiar.

Sean los coloridos caballos amaestrados por la bella del circo danzando sobre su lomo; sean esos encantadores y hogarenos rincones; sean las pensativas y reclinadas mujeres; en todas estas imágenes hay una soltura muy grande y una gracia muy especial en las composiciones. Y si pienso en la composición de su obra pictórica no puedo evitar mencionar a Matisse y tampoco puedo descartar, en otras ocasiones, una estructura cubista por la síntesis de sus planos.

El color en reiteradas ocasiones irrumpe. Aparecen las gamas cálidas en su máxima expresión. Otras veces, el color lo trabaja a través de un ajuste entre tonos fríos y cálidos. Los grises aportan una estructura composicional permitiendo que los elementos que reciben la gama cromática esten delimitados. Mientras el color predomina en las telas, el dibujo lo hace en los grabados. Los símbolos continuan. En los grabados el atrapasueño es el cuerpo humano y las atmósferas pasan a segundo lugar. La red nuevamente recoge emociones. Aparece la pareja en situaciones distintas, algunas con iconografía de almanaque, otras más intelectuales que evocan el crecimiento interno… Tenemos Keka Ruiz-Tagle para rato decodificando al hombre, hurgando en el subconsciente, plasmando circunstancias y emociones que nos son comunes. Todo esto, a través de un lenguaje alegre, pleno de color y de lectura inmediata.

En fin, ¿quién no ha dormitado?, ¿qué mamá o que papá no le ha deseado a sus hijos dulces sueños?, ¿quien no se ha puesto colorado al contar un sueño?, ¿cuántas confidencias de almohadas han oído los siquiatras?. Unos duermen, otros especulan, otros pintan. Todos sonamos.

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